Con inversiones constantes, Catalano se planta en un mercado muy cambiante

La empresa fabricante de moto y agro partes Catalano sabe que para permanecer casi 50 años en el mercado debe adaptarse a los cambios, superar las crisis y, sobre todo, invertir constantemente para no quedar obsoletos. Esas tres cuestiones fueron claves para la firma que comenzó José Enrique Catalano en el año 1966 y que hoy continúa su hijo Rafael.

En ese año, Catalano decide independizarse de la empresa para la cual trabajaba como empleado y comienza hacer máquinas de salpicar junto con un socio, del cual se separa años más tarde. Luego empezó como con otros productos como herrajes de muebles, partes para bicicletas, hasta que en 1975 debió enfrentar la primera crisis: “Cuando vino todo el tema de la tablita mi papá tenía un crédito tomado que pensaba destinar a comprar el lugar donde estamos hoy, por suerte todo se salva vendiendo una máquina”, recuerda Rafael.

“En 1989 ya estaba vacunado por algunas crisis e hizo que un colega le vendiera la fábrica de coronas y piñones. Justo en ese momento Menem abre la importación de motos, entonces lo que tenía en estantería no le servía para nada. Debió cerrar por seis meses, analizó qué había en el mercado y abrió de nuevo”, rememoró. A ese momento en el que hubo que apechugar le siguió una época resplandeciente: el boom del ciclomotor con marcas como Zanella, Garelli, Yuki, Pumita, un mercado que Catalano abarcó, siempre abocados a la reposición.

En plan de no quedarse nunca estancados en un solo producto, en el año 1992 empezaron a hacer discos de frenos de motos aunque al tiempo lo abandonaron, y luego comenzaron con los engranajes a cadena, un momento en el cual se movía mucho la maquinaria agrícola.

“Nuestra política no es tanto la rentabilidad como la estabilidad. En el 2012 podríamos haber vendido el triple de coronas y piñones, pero preferimos no crecer tanto en eso y hacerlo más lento en agro. Gracias a eso, hoy no estamos pasando tanto sobresalto como si nos hubiésemos dedicado de lleno a lo otro, nos estaría sobrando el 50% del personal”, sostiene Rafael.

La crisis del 2001 los agarró bien parados: “Creo que para muchos fue la vacuna de por qué ahora no están en crisis. Lo que nos mantuvo fue la moto. Se cortaron las importaciones de golpe, entonces acá era una locura de venta. Los chinos les cortaron las cuentas a muchos, entonces lo que hicimos fue reaccionar y absorber”, explicó.

Ese fue el año en el que lanzaron al mercado la línea de discos y cuchillas para sembradoras. Ese mismo año un nuevo objetivo fue alcanzado: la certificación de las Normas ISO 9.001 sobre el Sistema de Gestión de Calidad, lo cual les permite obtener una excelente calidad en todos los productos que fabrican basándose en la mejora continua.

Ya “vacunados” por varias crisis, Rafaela analiza que en los últimos años en el país más que crisis económica fue financiera, y una consecuencia de eso es que hoy se les está complicando un poco la cadena de pagos. Aun así, siguen invirtiendo y tienen un horizonte claro por delante: mudar todas las instalaciones a un predio que tienen en el Parque Industrial de Alvear donde ya tienen montada Bambu SRL, un desprendimiento de Catalano del cual son socios los tres hermanos, Rafael, Patricia y Lorena.

“El proyecto es estar en 10 años con todo allá, pero no tenemos apuro”, aseguró Rafael.

Share Button